De pronto percibí la brisa del río y el aire cálido de la noche y sentí a Lestat a mi lado, tan inmóvil que podría haber sido de piedra.
(...)
Por el momento, el dolor desapareció; la confusión desapareció. Cerré los ojos y oí el viento y el suave sonido del agua en el río. Fue suficiente por un momento. Y supe que no duraría, que se alejaría de mí como algo arrancado de mis brazos, que yo iría detrás de eso, más desesperadamente que cualquier criatura para recuperarlo. Y entonces, una voz a mi lado retumbó profunda en el silencio de la noche, diciendo:
- Haz lo que te ordena tu naturaleza. Esto sólo es una muestra. Haz lo que te pide tu naturaleza.
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